El General Miguel Hernández González: El Villista que grito ¡Viva Cristo Rey!
“Veo que todos temen mi presencia.
Pero si un día Dios me permitió gritar ¡Viva Villa!,
¿cómo no me permitirá ahora gritar
¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”
Así se presentó Miguel Hernández González ante los primeros grupos cristeros de San Julián. No fue una arenga. Fue una explicación. Su pasado era conocido y generaba desconfianza.
Miguel Hernández no nació en la Cristiada. Cuando comenzó la persecución religiosa, ya era militar de carrera y ex villista. Había servido al ejército durante el porfiriato y combatido en la Revolución Mexicana bajo las órdenes de Francisco Villa.
La memoria familiar, transmitida por su bisnieto Jesús Alejandro Guerrero, conserva uno de los episodios más conocidos de su vida: Miguel Hernández fue capturado durante su etapa villista por haber dado muerte a un mayor. Estuvo preso y a punto de ser fusilado. El soldado que lo custodiaba era su amigo. En la víspera de la ejecución, lo convenció de beber como despedida. Cuando el celador quedó ebrio, Miguel escapó.
Durante tres meses permaneció desaparecido. En San Julián se creyó que había muerto. Su padre pidió el cuerpo para sepultarlo y le dijeron que no lo tenían. Tiempo después, Miguel regresó al pueblo vestido como carbonero, tan cambiado que ni sus propios hermanos lo reconocieron. Para sobrevivir, vendió su reloj de ferrocarrilero a los mismos soldados que lo buscaban.
Ese episodio marcó su vida y explica por qué, años después, su presencia generaba recelo.
En 1923 regresó definitivamente a San Julián y fue elegido presidente municipal. Tres años después, con las leyes de Calles y la prohibición del culto público, decidió unirse al movimiento cristero. No ocultó su pasado ni intentó borrarlo. Lo asumió.
Fue nombrado general brigadier cristero y participó en acciones armadas en San Diego de Alejandría, Jalpa y San Julián. En la batalla de marzo de 1927, su caballería fue clave frente al 78.º Regimiento federal. Bajo su mando combatió Victoriano Ramírez “El 14”.
Miguel Hernández murió en 1934. Su historia no es la de un hombre sin contradicciones, sino la de alguien que conoció la guerra del Estado, la prisión y la huida, y que en la Cristiada tomó una decisión distinta.
No se hizo en la guerra religiosa.
Llegó a ella con toda su historia encima.
Gracias la familia del General Miguel Hernández por compartir esta información y ampliar nuestros conocimientos sobre este increíble personaje.